¿Qué es el Luciferianismo?
Un análisis filosófico

Definir el luciferianismo es una tarea complicada y laboriosa. Sería demasiado sencillo buscar definiciones de diccionarios o enciclopedias de internet, pero esto no corresponde con el espíritu luciferiano. Para llegar a un conocimiento acerca del luciferianismo como idea, pienso que debemos en primer lugar establecer una definición preliminar, y explorarla en sus dimensiones últimas, de manera que podamos llegar a una comprensión más profunda este término. Para llegar a una verdad debemos primero hacer el recorrido desde la ignorancia con una actitud de apertura hacia el conocimiento. Comencemos.

Lancemos una definición preliminar: el luciferianismo es una doctrina, religión y filosofía que toma como símbolo a Lucifer. Esta definición preliminar quizás provoque un choque con los sistemas de creencias de la mayoría de las personas. Este descontento por nuestra definición preliminar es sólo justificado si nos quedamos en esta definición, si no exploramos más allá del sentido lingüístico superficial con el que estamos familiarizados. Debemos explorar entonces cada uno de estos puntos para comprender la idea completa.

El luciferianismo como doctrina
Primero que nada, hemos dicho que el luciferianismo es una doctrina. ¿Qué es una doctrina? Una doctrina es un conjunto de conocimientos, un cuerpo de enseñanzas que pueden aprenderse y que a su vez pueden enseñarse. Esta palabra está emparentada con el término doctor, esto es, alguien que tradicionalmente enseña en una universidad, y docto, alguien con un conocimiento profundo acerca de un tema. Al luciferianismo como doctrina hay que entenderlo de esta forma, como un conjunto de conocimientos que son transmitidos a través del tiempo, de boca a oído o por medio de lecturas y otros medios de transmisión de información. Es una doctrina por que consiste de enseñanzas, esto es, cosas que pueden aprenderse, y de aprendizajes, o sea, cosas que pueden enseñarse. Una persona docta es entonces alguien que aprende y enseña lo que ha aprendido, o si lo preferimos, alguien que aprende mientras enseña, y viceversa.

Toda doctrina, esto es, toda transmisión de información, implica una cadena de maestros que enseñan y alumnos que aprenden. A veces, el maestro puede ser un libro, un video de youtube, o una persona. Ahora, muchas doctrinas están reguladas por una autoridad. Este es el caso de las doctrinas religiosas tradicionales, en las que existe una autoridad que marca qué interpretaciones son válidas acerca de la doctrina, y qué interpretaciones no lo son. Aquellas que no lo son, son las llamadas herejías. Este término, herejía, tiene una raíz etimológica interesante: αἱρέομαι, que significa “tomar para uno mismo”. Habíamos dicho que las doctrinas religiosas tradicionales están reguladas por una autoridad. Un hereje sería, entonces, alguien que “toma para sí mismo” la regulación de la doctrina, alguien que hace propia la doctrina, esto es, alguien que hace propio el proceso de transmisión de la información.

El luciferianismo es una corriente que sigue el sendero de la mano izquierda. Esto implica un énfasis sobre el individualismo, la responsabilidad individual y la búsqueda del individuo por su autonomía. Así, el luciferianismo es una doctrina en la cual el individuo se hace responsable de su propio conocimiento, de su propio aprendizaje. Debido a esto, es importante una mentalidad abierta, pero crítica, capaz de discernir entre aquello que puede ser utilizado para el desarrollo personal, y lo que no. El luciferianismo entendido como doctrina del sendero de la mano izquierda, implica justamente la emancipación del individuo y una búsqueda personal por el conocimiento y la libertad, que implica también una toma de conciencia y de responsabilidad muy importante. El luciferiano es un hereje (entendido etimológicamente) que toma para sí mismo, que hace propio, el sentido del conocimiento que ha recibido y la manera en que lo pone en práctica en su vida.

El luciferianismo como religión
Habiendo explicado con cierta amplitud cómo el luciferianismo es una doctrina, pasamos ahora a un punto que quizás es más delicado. ¿Es el luciferianismo realmente una religión? Primero tendríamos que preguntarnos: ¿qué es una religión? Bueno pues, ¿qué es una religión?

La palabra religión proviene del latín religare, re-ligar, re-unir. La palabra religión, entonces, lleva ya implícito un sentido de separación, pues nos habla acerca de reunir algo, y solamente podemos unir aquello que está separado. ¿Qué es lo que la religión busca reunir? ¿Qué es lo que está separado que es necesario volver a unir? En las principales religiones, la condición humana sobreviene después de una catástrofe cósmica que rompe el orden de la Creación. Eva es tentada por la serpiente, Prometeo da el fuego a los hombres, etc. Estas historias nos hablan de una separación originaria, que es lo que la religión busca reparar. En las religiones tradicionales, esta reparación del mundo se realiza a través de buenas acciones y de actos de arrepentimiento y sumisión ante una figura divina. El luciferianismo es una religión también, en el sentido de que busca re-unir algo en el ser humano.

Si nos dirigimos hacia la psicología profunda, encontraremos que el ser humano está compuesto por numerosas estructuras mentales que la mayoría de las veces se encuentran en conflicto entre sí. La tarea de la psicoterapia es justamente proveer al paciente con las herramientas necesarias para superar este conflicto, de forma que su vida pueda ser más plena y feliz. El luciferianismo en cuanto religión, comparte la meta de la psicoterapia en el sentido de que representa la búsqueda del ser humano por un equilibrio interno. Esta meta es lograda a través del autoconocimiento. El luciferianismo es una religión en tanto doctrina del individuo, o en otras palabras, el luciferianismo es una religión que busca el equilibrio y la maduración mentales y emocionales a través del conocimiento de uno mismo por medio del estudio y la aplicación de técnicas diversas, las cuales dependen de la inclinación y preferencia de cada individuo.

Abordemos ahora la pregunta, ¿qué es lo que buscan unir las religiones, más allá del discurso religioso? El ser humano es un ser fragmentado. Para nuestras interacciones sociales, portamos máscaras que representan los papeles que representamos, como si la vida fuese una obra de teatro. Estas máscaras son construidas conforme crecemos dentro de una sociedad que pone sobre nosotros la obligación de satisfacer ciertas expectativas. Este proceso suele crear personas que si bien pueden ser exitosas a nivel exterior, interiormente están vacías, pues su vida mental y emocional se limita a los roles que la sociedad les exige que tengan. El luciferianismo en cuanto religión busca que el individuo explore su mundo interior para conocerse a sí mismo y eventualmente re-conocer aquellas partes de sí mismo que la sociedad y la cultura han forzado a reprimir.

El luciferianismo como filosofía
Continuemos nuestro análisis de la misma forma que lo hemos estado realizando. ¿Qué es, entonces, la filosofía? Etimológicamente, la filosofía es el amor por la sabiduría. Los primeros filósofos se hicieron llamar de esta forma como gesto de humildad, para distinguirse de los sofistas, los sabios, los poseedores de la sabiduría, que también podríamos llamar “verdad”. Esto resume, en mi opinión, el hacer del filósofo y del luciferianismo como filosofía. Por un lado, por que el ser alguien que ama la sabiduría y no alguien que posee la sabiduría, nos habla de una búsqueda, como la de los caballeros de los relatos medievales que buscaban a su amada. Esta búsqueda por la sabiduría es un reflejo de la situación del ser humano como buscador, como posibilidad, como proyecto siempre en marcha. Por el otro lado, es una oposición frente al sofismo, esto es, ante la actitud de quien se cree poseedor de la sabiduría. Quien posee la verdad ya no ha de buscarla, y eso nos lleva a un existencia estática, a un estado de inmovilidad. La inmovilidad es igual a la muerte.

Aristóteles abre su obra Metafísica con la frase: “Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber”. En tiempos modernos, sin embargo, pareciera que el deseo por saber, por conocer, ha sido acallado por las comodidades de nuestra época. La inquietud filosófica ha sido cambiada por la comodidad y el pragmatismo cientificista. Si algo no genera beneficios, si algo no genera ganancias, se considera inútil. Ya no es viable saber por saber, el saber debe ser aplicado. Si bien esto no es malo, sí lo es cuando se vuelve un dogma bajo el cual se rige la sociedad. El preguntar filosófico es una acción luciferiana por cuanto es un preguntar que nos pone de camino hacia la sabiduría, hacia el conocimiento. Qué hacer con este conocimiento es ya decisión de cada persona.

Si pensamos en la sabiduría como verdad, el luciferianismo es una filosofía de una verdad dinámica. Las religiones tradicionales se sostienen con dogmas y doctrinas fijas, mientras que el luciferianismo aboga por que el individuo busque su propia verdad personal, la cual, como el individuo mismo, es dinámica. El yo es una estructura dinámica que cambia constantemente para adaptarse a sus condiciones. De la misma manera, la verdad de las religiones tradicionales y de demás sistemas de creencias, es una verdad estática que se mantiene y ha mantenido sin cambios esenciales por miles de años. Esto es debido a la concepción que estos grupos tienen de lo humano como algo alejado de lo divino, lo cual es bueno y al mismo tiempo eterno. El luciferianismo es una filosofía de lo humano, en la cual la verdad no es estática ni absoluta, sino relativa y dinámica.

Hasta este punto, hemos explorado con cierta profundidad la definición preliminar que arrojamos al principio. El luciferianismo, entendido como una doctrina, una religión y una filosofía, es un conjunto de conocimientos dirigidos hacia la conjugación y síntesis de los potenciales humanos conscientes e inconscientes, conocimientos que son comprendidos dentro de un marco dinámico y cambiante. Dicho de otra forma, podríamos decir que el luciferianismo abarca aquellos conocimientos que evolucionan y ayudan al ser humano a evolucionar.

Antes de abordar la pregunta de por qué la utilización del símbolo de Lucifer, cabe explorar una última concepción del luciferianismo.

El luciferianismo como actitud
¿Quién es luciferiano? ¿Qué hay que hacer para ser luciferiano? Aquí recuerdo una frase dicha por el ocultista y rosacruz Paul Foster Case: un verdadero rosacruz no es un rosacruz. Una interpretación de esta frase es, que un rosacruz verdadero no necesita seguir las pautas de ninguna orden o grupo para comportarse como un verdadero iniciado. Lo mismo ocurre con el luciferianismo.

Es mi pensar que el luciferianismo, más que una ideología o una postura filosófica formal, es una actitud, o mejor dicho, un adjetivo. Concibo al luciferianismo de esta manera, pues considero que una doctrina (recordemos la definición de doctrina que dimos antes) como esta es muy difícil de encuadrar dentro de un contexto específico. Igualmente, ¿es luciferiano aquel que paga cuotas en alguna de las tantas órdenes luciferianas que existen? ¿es luciferiano aquel que dirige plegarias a Lucifer? ¿es luciferiano alguien que se entrega ciegamente a la satisfacción de sus impulsos, todo en el nombre de Lucifer? En mi opinión, no.

Pienso que el luciferianismo es un adjetivo que podemos añadir a cualquier otra postura filosófica, mágica, esotérica, religiosa, etc., siempre y cuando las acciones del individuo reflejen una búsqueda por un conocimiento que le permita crecer y desarrollarse continuamente, que le permitan aumentar o afianzar su autonomía, y que le permitan aumentar o afianzar su grado de mismidad. En lugar de delimitar al luciferianismo convirtiéndolo en una postura, en una etiqueta, pienso que es mejor convertirlo en una cualidad que puede presentar cualquier postura, siempre y cuando se cumplan de alguna forma las acciones individuales reflejen lo antes dicho. Definir algo es de-limitarlo, ponerle límites. Al plantear el luciferianismo como un adjetivo, dejamos abierta la experiencia luciferiana a cualquier persona que así lo desee.

Esto asimismo permite superar la cuestión de la identidad del individuo como luciferiano. Uno puede profesar cualquier fe, ninguna fe, adherirse con cualquier postura filosófica, y siempre y cuando el conocimiento sea aplicado para el desarrollo del individuo como ser en constante evolución y cambio. Un satanista puede ser luciferiano del mismo modo que un cristiano puede serlo, siempre y cuando esté presente el deseo por conocer, como decía Aristóteles. Sin embargo, y considerando que el ser humano es un ser dinámico que puede adaptarse a diversas situaciones, es posible que tanto cristianos como satanistas poco a poco vayan alejándose de posturas definidas, hacia posturas más ambiguas. Al salir de posturas ideológicas fijas, el individuo se vuelve flexible, y la flexibilidad permite una adaptación aún mayor a las diferentes situaciones de la vida. Todo está, una vez más, en la actitud.

Lucifer como símbolo
La utilización de Lucifer como símbolo es altamente sugestiva. Etimológicamente, “Lucifer” proviene de los vocablos lux y ferro, “luz” y “portador”. Lucifer es el “portador de la luz”. La tradición cristiana ha equiparado a Lucifer con la figura de Satanás, pero aquí debemos recordar que las diversas ediciones de los textos bíblicos son, en última instancia, una recopilación de libros y escritos de muchos autores que vivieron en épocas diferentes.

Lucifer como símbolo arquetípico está asociado con la figura de Prometeo en la mitología griega. Prometeo fue un dios que robó el fuego de los dioses y para regalárselo a la humanidad sufriente. El fuego es un símbolo del conocimiento. Y como el fuego, el conocimiento es un arma de doble filo: puede ser usado para el mejoramiento del individuo y del mundo, o puede ser aplicado de manera egoísta para obtener beneficios superfluos. Como castigo, Prometeo fue encadenado por Zeus y condenado a que aves comieran su hígado durante el día, para que éste se regenerase durante la noche y volver a sufrir el castigo al día siguiente. Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén por haber transgredido la prohibición de Dios de comer de los frutos del Árbol del Conocimiento. Estas historias míticas encierran el doble poder del conocimiento: es una herramienta que nos permite ser libres, pero que también puede ser la raíz del mal. Es por esta razón que en la Iglesia Mayor de Lucifer se hace énfasis en la responsabilidad individual para con uno mismo y el ambiente que nos rodea.

Lucifer no es un dios al cual se le reza o se le hacen sacrificios. Lucifer no es un ídolo ni un demonio. Lucifer es un potencial latente en cada individuo que nos dirige hacia la evolución y la libertad, pero sobre todo, hacia el encuentro con nosotros mismos. Este encuentro implica un proceso de autoconocimiento en el que se enfatiza principalmente la exploración de nuestros aspectos negativos, nuestras represiones, nuestras perversiones, en fin, con lo que Carl Gustav Jung llamó la “sombra”. El arquetipo de la sombra reside justamente en los rincones más oscuros de nuestra alma, y para poder explorarlos, es necesaria una luz.

Lucifer no es una sola persona. Lucifer es cada individuo que siente la inquietud de conocer más acerca de sí mismo, pero sobre todo, de superarse, de ser más que uno mismo, y liberarse de aquello que limita su existencia. El luciferianismo es un sendero, uno de tantos, que nos permite realizar esta búsqueda y, como dije al principio, toda búsqueda comienza en la ignorancia, en la aceptación de que no lo sé todo. Esto nos pone en contacto con nuestra condición limitada, pero al mismo tiempo, fuerza a algunas personas a buscar su expansión, su desarrollo, su evolución.

Literatura recomendada:
Lao Tzu, Tao Te King.
Erich Fromm, Y Seréis como Dioses.
Carlos Castaneda, Viaje a Ixtlán.
Max Stirner, El Único y su Propiedad.
Michael Ford et al., Sabiduría de Eósforo.

Walter Garcia
Iglesia Mayor de Lucifer estado de Nuevo León
México

Arte: Antoine Wiertz