Moradores del inconsciente: Dioses, demonios y símbolos

Este artículo, bajo ningún concepto, pretende ser una postura irrefutable acerca de  la existencia o no de lo que los seres humanos creen  que son las entidades  con las cuales los magos de cualquiera de los dos senderos trabaja y se apoya para el  desarrollo de su potencial a través de ciertas experiencias, pues de ser el caso,  nos convertiría en seres dogmáticos y no cuestionadores, siendo sobre todo lo último una característica que debe poseer cada luciferino. Al contrario, este escrito abre las puertas para recorrer el sendero de la duda con respecto a las creencias animistas heredadas desde nuestros antepasados e impuestas culturalmente en las sociedades  actuales.

Las diversas culturas y pueblos de los que se conoce su existencia sintieron la necesidad de explicar los fenómenos tantos externos de la naturaleza, así como los fenómenos internos de los que eran víctimas, es así como  proyectaron e introyectaron[1] arquetipos, o representaciones simbólicas con carga emocional que expresan la relación de la vida humana con el universo, transformando todo este bagaje de representaciones en mitos, en palabras de James Hillman: «La mitología es la psicología de la antigüedad y la psicología es una mitología de la modernidad, es a través de la imaginación que penetramos en las raíces del mito y actualizamos nuestros dramas del diario vivir».

El desarrollo de la consciencia pasando desde lo arcaico, lo mágico y lo mítico ha permitido a la especie humana construir su entramado psíquico evolutivo, desde la creencia en fuerzas invisibles para en lo posterior desarrollar mitos como una necesidad de  explicar los misterios del universo,  dándoles significados y otorgándole el concepto de dioses, ángeles, demonios, espíritus y sustratos que estaban en constante relación con el ser humano, incluso llegando a una relación de  tipo de comunicativa con estas “energías incomprensibles”, de los cuales  recibían poderes, consejos, y guía, pero también una serie de castigos si no se cumplía con el capricho de los mismos. Para todo esto y para recibir la gracia de aquellos seres, se usaba y se usa  una serie de ritos, ceremonias, sacrificios y prácticas mágicas intentando expiar sus culpas y agradar a sus dioses.

Sigmund Freud en su obra Tótem y Tabú nos dice en lo referente a la creación de dios y el origen del animismo que en primera instancia existía una horda primitiva en la que el  padre y líder de la manada era el que ejercía un poderío sobre  todas las hembras y machos del grupo, lo cual llevaría a los machos más jóvenes a rebelarse en contra de este y terminar por matarlo para a continuación devorar su cadáver crudo con la intención de adquirir sus poderes. No sólo odiaban y temían al padre, sino que también lo veneraban como modelo,  un arquetipo envidiado y temido por todos. Nótese  que ya desde aquellas épocas el  arquetipo de la rebelión y liberación estaba presente (Lucifer).              

Es así que pusieron fin a la imposición brutal del padre represor, pero es aquí donde también surge el desequilibrio neurótico, ya que después de muerto y devorado este padre surgió un sentimiento de culpa y arrepentimiento, pues el muerto se volvió más  fuerte de lo que era en vida, comenzando con esto a realizar ritos de expiación para aplacar su culpa de donde se teoriza pueden haber surgido las religiones y ceremonias, donde incluso en la actualidad se practican con fuerza.

¿Pero que nos diferencia a los interesados en las así llamadas practicas mágicas con los religiosos neuróticos que mantienen están creencias y las aplican aún desde la “muerte” del arquetipo paterno?

Lo cierto es que ambos tenemos  algo en común: una necesidad de aplacar esta neurosis a través de ciertas prácticas ritualistas con el fin de liberar  así una gran cantidad de energía psíquica que puede ser transformada  hacia objetivos más útiles.

La diferencia está en que el mago(k) actual debe ser consenciente que estas prácticas son de un carácter  psico-dramático como una herramienta terapéutica en donde la expresión de lo simbólico se transforma en algo mágico, otorgándole entonces un importante alivio a nivel interno.

Cabe preguntarse ¿existen las experiencias mágicas o religiosas per se, o nuestro cerebro tiene algo que ver?

Tanto las practicas mágicas como religiosas fueron creadas por el ser humano, y el aparato psíquico que poseemos tiene que ver en esto (El Ello, el Yo y el Súper Yo), siendo que El Ello contiene nuestras necesidades más primitivas, y es regido por la necesidad de gratificación inmediata, El Superyó una Instancia moral, enjuiciadora de la actividad yoica, es decir la que lo reprime, y El yo la instancia mediadora entre las otras dos. De estas tres instancias el Ello se identifica en mayor medida con nuestra región  del Inconsciente, es decir con aquello de lo que no nos damos cuenta (sino a través de prácticas introspectivas) y como un medio de comunicación, tenemos entonces a los símbolos como el lenguaje del inconsciente.

El luciferino por lo tanto debe tener en cuenta que las regiones oscuras de nuestra mente es el lugar donde habitan los dioses , demonios , espectros y un sin número de símbolos arcaicos, no siendo otra cosa que partes aun no integradas de nuestro ser, y tomando como referencia además a Aleister Crowley quien afirmó que los demonios son partes de nuestro cerebro, es decir nuestros miedos, complejos, neurosis, agresión, odios, envidias y la infinidad de defectos que preferimos reprimir o negar en vez de trabajar conscientemente en ellos.

Si por ejemplo extirpamos ciertas áreas de la corteza cerebral responsables de nuestra motricidad automáticamente perderíamos el control de la locomoción, de la misma forma, si lo hacemos con las áreas que producen de las experiencias místicas, mágicas o religiosas, el ser humano se reduciría al plano de un animal carente de “espiritualidad”, por lo que se deduce que estos dioses o demonios han  surgido desde  el interior de este importante órgano, el cerebro.

Como luciferinos que somos debemos primero mirar hacia nuestro interior, que es donde se encuentra las raíces nuestras potencialidades, antes de mirar al exterior en búsqueda de respuestas

Adrián Guevara S.

Archierus IML/APL Ecuador

  

[1] “la función psíquica mediante la que una persona incorpora a su estructura mental y emocional los elementos del ambiente familiar y social en el que le tocó vivir. Estos elementos suelen ser idearios, formas de conducta y definiciones implícitas del ser humano y de sus relaciones interpersonales.” – Web Psicología Madrid

Arte: Zdzisław Beksińsk

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