Más Allá de Lucifer

Probablemente al escuchar la palabra “Lucifer” venga a tu mente alguna figura humanoide con atributos más o menos típicos, figuras más luminosas y angelicales, o diabólicas y oscuras, sea como sea con toda seguridad serán reflejo de alguna interpretación cultural que ha sido aprehendida, modificada y adaptada al sendero de la mano izquierda para el interés estético de este. Muchas veces sin darnos cuenta nuestro ego se aferra a este ídolo estético para nutrirse de rasgos de carácter que tenemos poco desarrollados y nos causan admiración, esto aunque natural, es una limitación si nos quedamos en esta fase estética, y puede degenerar en cierto abuso de los símbolos representativos, dejando en un segundo plano labores más profundas de introspección y trabajo personal.

Es por ello que creo que es importante darnos cuenta si nuestro ego se está acomodando en este nivel superficial, que más que impulsarnos a confrontar nuestras oscuridades y retos personales nos estanca en un mero proceso identitario y de refuerzo grupal. Debemos prestar atención a esto, no para volvernos locos tratando de reprimir estos mecanismos naturales del ego, sino para evitar el estancamiento y tratar de trascenderlo hacia actitudes y procesos más evolucionados e integrales que no sean meramente un refuerzo egoico de un folclore alternativo.

Para acometer esta tarea podemos empezar a trabajar no sólo los aspectos estéticos del arquetipo de Lucifer, sino además empezar a analizar las distintas caras del mismo a lo largo de tantas culturas en las que ha podido manifestarse y observar cómo esto se interrelaciona con la psicología humana, creando así una red de conocimiento que podemos usar a modo de espejo de nuestra experiencia en la vida y la realidad. Esto para mi es lo denominado conocimiento integral, la verdadera puerta a la sabiduría que representa el Portador de Luz, un conocimiento que va más allá de las apetencias egoicas y que es capaz de interrelacionar contrarios y entender desde un punto de vista elevado y equilibrado. Sólo así podemos ahondar en nuestra propia profundidad y oscuridad para hacer resurgir la luz y nuestro verdadero potencial, todo lo demás son juegos entretenidos y evasivos que nos hacen ir de un lado a otro de manera horizontal y reactiva por temor a enfrentar los verdaderos retos que se esconden en nosotros mismos.

En palabras de Jiddu Krishnamurti en “La Libertad Primera y Última” Capítulo 10. El miedo.

El miedo encuentra diversas escapatorias. La variedad corriente es la identificación. ¿No es cierto? Identificación con la patria, con la sociedad, con una idea. ¿No habéis notado cómo respondéis cuando veis un desfile ‑desfile militar o procesión religiosa- o cuando el país está en peligro de ser invadido? Entonces os identificáis con el país, con una persona, con una ideología. Otras veces os identificáis con vuestro hijo, con vuestra esposa, con determinada forma de acción o de inacción. La identificación es, pues, un proceso de olvido de sí mismo. Mientras yo tengo conciencia del «yo», sé que hay dolor, que hay lucha, que hay constante temor. Mas si puedo identificarme con algo más grande, con algo que valga la pena, con la ‘belleza, con la vida, con la verdad, con la creencia, con el conocimiento, al menos temporariamente, hay una evasión del «yo». ¿No es así? Si hablo de mi patria, me olvido de mí mismo temporariamente. ¿Verdad? Si puedo decir algo acerca de Dios, me olvido de mí mismo. Si puedo identificarme con mi familia, con un grupo, con determinado partido, con cierta ideología, entonces hay evasión temporaria.

Héktor J.
Archierus IML/APL España

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